Si lo primero que hacés al despertarte y lo último que hacés al acostarte es mirar el celular, tenemos un problema.
Y digo «tenemos» porque me tuve que comprar un despertador de esos que se van iluminando a medida que te suena (elección propia, obvio) porque quería dejar el celular fuera de mi cuarto. Volver a algunas viejas formas, que eran mucho más sanas, al menos para mi cerebro.
Después de determinada hora hay días donde no miro el celular (confieso que es lo que más me cuesta) y lo dejo sin mirar en tres ocasiones:
-Cuando trabajo, porque necesito foco
-Cuando pinto o hago algo creativo
-Cuando juego con mi hijo
Que me lo proponga no significa que lo haga 100%, porque es tremendo desafío, pero desconectarme me devuelve mucho la creatividad, la capacidad de pensar por mí misma (por favor, BASTA de posts creados con GPT, nos están y se están haciendo daño) y la vida, qué decirte. La vida vuelve cuando saco los ojos de la pantallita y me vuelco al presente, a mi cuerpo sobretodo.
Más allá de hacer deporte, es cuestión de sentir, de abrirme a la presencia, de habitarme.
Y es desde ahí donde puedo ser vulnerable, donde estoy aquí y ahora y soy más yo que nunca.
Obvio que la tecnología tiene sus ventajas (te estoy diciendo esto a través de un dispositivo y una red social, claro) pero siento que nos está usando ella a nosotros que nosotros a ella.
Y vos, ¿hace cuánto que vos no te desconectás?
PD: el 25 abren las puertas de este Club donde nos veremos una vez al mes con la premisa fundamental de desconectar, recuperar la creatividad y abrazarnos, ¡espero verte dentro!


